El Salmo 5 es una oración de un hombre que estaba enfrentando oposición y necesitaba la intervención de Dios. Sin embargo, algo llama especialmente la atención desde el comienzo: David no permitió que sus problemas fueran lo primero que gobernara su día. Antes de enfrentar las circunstancias, decidió presentarse delante del Señor.
Dice el versículo 3:
"Oh Jehová, de mañana oirás mi voz; de mañana me presentaré delante de ti, y esperaré."
Estas palabras contienen una enseñanza sencilla pero profunda. David tenía problemas, pero sabía dónde debía comenzar su día.
Primero buscaba a Dios.
No significa que cada mañana fuera idéntica ni que David nunca experimentara angustia. Significa que había desarrollado el hábito de llevar sus preocupaciones delante del Señor.
Ese principio sigue siendo necesario para nosotros.
Podemos comenzar el día revisando nuestras responsabilidades, contestando mensajes, pensando en problemas y tratando de encontrar soluciones, o podemos detenernos primero para hablar con Dios.
Antes de enfrentar lo que trae el día, podemos presentarnos delante de Aquel que conoce lo que nosotros todavía no sabemos.
La expresión de David transmite intención. Él no estaba hablando de una oración ocasional realizada solamente cuando surgía una emergencia. Había una decisión de buscar a Dios desde el comienzo del día.
La repetición de la expresión "de mañana" destaca esa disposición constante. David había aprendido que la oración no debía ser únicamente un recurso para los momentos de crisis.
Era parte de su relación con Dios.
Esto nos lleva a una pregunta sencilla: ¿en qué momento buscamos al Señor?
Muchas veces acudimos a Dios después de haber intentado resolver todo por nuestros propios medios. Primero pensamos, después nos preocupamos, luego hablamos con otras personas y finalmente, cuando ya estamos agotados, recordamos que podemos orar.
David nos enseña otro camino.
Podemos presentar nuestra vida delante de Dios desde el principio.
Eso incluye nuestras necesidades, pero también nuestros pensamientos, nuestros planes, nuestros temores y nuestras decisiones.
La oración matutina no tiene que convertirse en una fórmula rígida. Lo importante es desarrollar una relación real con Dios y aprender a comenzar cada día reconociendo nuestra dependencia de Él.
Si deseas profundizar en esta dimensión de la vida cristiana, puedes leer ¿Qué pedir en oración?, una reflexión que nos ayuda a pensar no solamente en cuánto oramos, sino también en aquello que presentamos delante del Señor.
Quizá una de las palabras más importantes del Salmo 5:3 sea la última:
"Y esperaré."
David no dijo únicamente: "Presentaré mi petición y recibiré inmediatamente la respuesta".
Dijo:
"Esperaré."
Esto revela una actitud de confianza.
Orar significa presentar nuestras necesidades delante de Dios, pero también significa estar dispuestos a esperar su respuesta. La oración no es un mecanismo mediante el cual obligamos al Señor a actuar según nuestros tiempos.
Esperar puede resultar difícil porque queremos soluciones rápidas. Muchas veces queremos presentar la petición por la mañana y tener la respuesta antes de terminar el día.
Por eso, aprender a esperar también forma parte de nuestra vida de oración.
Si estás atravesando precisamente una etapa en la que llevas tiempo esperando una respuesta, puede ayudarte meditar en ¿Pidiendo respuesta de Dios?, porque aprender a esperar también requiere confianza y perseverancia.
El Salmo 5 nos muestra que David no se acercó a Dios únicamente para pedir protección. A lo largo de su oración también reconoció quién es el Señor.
David habló de la santidad de Dios y de su rechazo al pecado. Reconoció que la maldad no puede ocupar el mismo lugar que la presencia de un Dios santo.
Esto nos enseña algo importante acerca de nuestra oración.
Podemos presentar nuestras necesidades, pero nuestra relación con Dios no debe reducirse a una lista de cosas que queremos recibir.
Es aprender a contemplar quién es Dios antes de concentrarnos únicamente en lo que nosotros necesitamos.
Cuando comenzamos a comprender esto, nuestra vida de oración cambia. Ya no nos acercamos al Señor únicamente porque necesitamos que resuelva un problema. Nos acercamos porque Él es nuestro Dios y deseamos estar en su presencia.
Puedes meditar también en El poder de la alabanza y la oración, porque la oración adquiere una dimensión mucho más profunda cuando aprendemos a combinar nuestras peticiones con adoración y reconocimiento de la grandeza de Dios.
David comenzaba su oración por la mañana porque sabía que necesitaba dirección y protección para aquello que estaba por enfrentar.
Nosotros también podemos aplicar este principio.
Cuando despertamos, no sabemos qué conversaciones tendremos, qué decisiones tendremos que tomar, qué noticias recibiremos ni qué situaciones inesperadas pueden aparecer.
Por eso es tan importante comenzar el día en oración.
No porque la oración sea una fórmula para evitar todos los problemas, sino porque necesitamos que Dios dirija nuestro corazón mientras atravesamos todo lo que pueda presentarse.
Quizá la situación no cambie inmediatamente, pero nosotros podemos enfrentarla de una manera diferente cuando hemos puesto nuestra confianza en Dios desde el principio.
En el versículo 8 encontramos una petición especialmente hermosa:
"Guíame, Jehová, en tu justicia, a causa de mis enemigos; endereza delante de mí tu camino."
David no pidió únicamente que Dios lo protegiera de sus enemigos. Pidió que Dios lo guiara.
Esta diferencia es muy importante.
A veces oramos: "Señor, protégeme de esto", pero no preguntamos: "Señor, ¿cómo quieres que yo camine en medio de esto?"
Queremos que Dios quite el problema, pero también necesitamos que nos enseñe cómo comportarnos mientras atravesamos la situación.
David entendía que necesitaba dirección, por eso pidió que el Señor enderezara su camino.
Esta oración sigue siendo apropiada para nosotros.
La protección de Dios no consiste únicamente en librarnos de circunstancias peligrosas. También puede manifestarse al guiarnos para que caminemos correctamente en medio de ellas.
Hay momentos en los que reconocemos claramente que Dios nos protegió. Miramos hacia atrás y podemos identificar una situación de la que el Señor nos libró.
Pero también existen muchas ocasiones en las que probablemente nunca sabremos de qué cosas nos protegió Dios.
En ese momento quizá solamente pensamos que las cosas no salieron como queríamos. Con el tiempo podemos descubrir que aquella situación nos evitó un daño que no podíamos imaginar.
Por eso podemos pedir protección al Señor no solamente de aquello que conocemos, sino también de aquello que desconocemos.
Esta clase de oración reconoce nuestra limitación y la sabiduría de Dios.
Es importante comprender esto correctamente.
David estaba orando por protección precisamente porque enfrentaba oposición. Su relación con Dios no significaba que nunca tendría enemigos, problemas o momentos de peligro.
La protección divina no debe interpretarse como una promesa de que el creyente jamás enfrentará dificultades.
La Biblia muestra que hombres y mujeres fieles atravesaron pruebas muy fuertes.
La confianza está en que Dios permanece con nosotros durante la prueba y puede sostenernos en medio de ella.
Por eso, si estás enfrentando una situación difícil, no pienses que necesariamente has perdido la protección de Dios solamente porque estás atravesando problemas.
Quizá el Señor está sosteniéndote de una manera que todavía no puedes comprender.
En momentos así puede fortalecer tu corazón leer En paz me acostaré, Salmos 4:8, porque allí encontramos nuevamente la confianza de David en el cuidado de Dios aun cuando las circunstancias no eran completamente seguras.
El Salmo 5 comienza con David presentando su oración y termina con una expresión de confianza y alegría en Dios.
En los versículos 11 y 12 encontramos esta hermosa declaración:
"Pero alégrense todos los que en ti confían; den voces de júbilo para siempre, porque tú los defiendes..."
Observa el recorrido de la oración.
Eso es lo que puede ocurrir también en nuestra vida de oración.
Podemos entrar en la presencia de Dios preocupados y salir de ella con una perspectiva diferente.
No necesariamente porque el problema haya desaparecido, sino porque hemos recordado quién está con nosotros.
La oración puede cambiar primero nuestro corazón antes de cambiar nuestras circunstancias.
Puedes comenzar simplemente hablando con Él.
No conviertas la oración en una carrera para terminar rápidamente una lista de peticiones. Permanece delante del Señor y permite que ese tiempo sea verdaderamente un encuentro con Él.
David decía:
"De mañana me presentaré delante de ti, y esperaré."
Podemos hacer nuestra también esa decisión: Cada día buscaré a Dios.
Señor, gracias por permitirme comenzar un nuevo día.
Antes de enfrentar mis responsabilidades, mis decisiones y todo aquello que pueda presentarse delante de mí, quiero presentarme ante ti.
Tú conoces lo que yo todavía no conozco. Sabes qué dificultades encontraré, qué decisiones tendré que tomar y qué situaciones pueden poner a prueba mi fe.
Por eso te pido que me guíes.
Endereza mi camino y ayúdame a caminar conforme a tu voluntad. Protégeme de aquello que puede hacerme daño y también de mis propias decisiones equivocadas.
Guarda mi corazón del pecado, de la ansiedad y del temor. Enséñame a confiar en ti y a esperar tu respuesta sin desesperarme.
Que mi oración no sea solamente una lista de necesidades. Enséñame a adorarte, agradecerte y disfrutar de tu presencia.
Hoy pongo mi vida delante de ti.
Guíame, protégeme y ayúdame a permanecer cerca de ti durante todo este día.
En el nombre de Jesús. Amén.
El Salmo 5 nos deja una invitación sencilla pero profunda: comienza tu día buscando al Señor.
No sabemos qué traerá cada jornada, pero sabemos quién estará con nosotros.
Quizá hoy estés enfrentando una situación que te preocupa profundamente. No intentes cargarla completamente con tus propias fuerzas. Llévala delante de Dios.
Haz de la oración un lugar donde puedas descansar, hablar con sinceridad y recordar que tu vida está en las manos del Señor.
Y cuando termines de orar, no olvides la última parte de la enseñanza de David: espera en Dios.
La respuesta puede no llegar en el momento que deseas, pero puedes confiar en que el Señor escucha a quienes lo buscan.
Si quieres continuar fortaleciendo tu vida de oración, puedes seguir meditando en otros Devocionales Cristianos Cortos, especialmente La poderosa oración de Jabes, Líbranos del mal, Mateo 6:13 y El poder de la alabanza y la adoración.
Que cada mañana puedas decir como David:
"De mañana me presentaré delante de ti, y esperaré."
Porque antes de enfrentar el día, necesitamos recordar quién está delante de nosotros.
Y cuando Dios es nuestro refugio, podemos comenzar cada jornada con una confianza diferente.