No te dejaré ni te desampararé, Hebreos 13:5
Dios nunca abandona a sus hijos
Hay momentos en la vida en los que la soledad puede hacerse sentir con mucha fuerza. Podemos estar rodeados de personas y, aun así, experimentar la sensación de que nadie comprende lo que estamos viviendo. También podemos atravesar la pérdida de alguien amado, una decepción, una enfermedad, una dificultad familiar o una etapa de incertidumbre en la que no sabemos qué sucederá mañana.
En medio de esas circunstancias, una de las promesas más reconfortantes de la Palabra de Dios se encuentra en Hebreos 13:5: "... No te desampararé, ni te dejaré." No son simplemente palabras bonitas destinadas a producir tranquilidad momentánea. Es una declaración que nos recuerda el carácter fiel de nuestro Dios: Él permanece con los suyos.
Las personas pueden cambiar. Algunas relaciones pueden terminar, los amigos pueden alejarse y las circunstancias pueden transformarse inesperadamente. Incluso podemos atravesar momentos en los que sentimos que estamos completamente solos. Pero nuestra seguridad no depende de que todo permanezca igual a nuestro alrededor. Nuestra seguridad está en saber que Dios permanece.
Si hoy estás atravesando una situación difícil, este devocional es para ti. No porque la Palabra prometa una vida sin problemas, sino porque nos recuerda algo mucho más profundo: ninguna circunstancia podrá separar al hijo de Dios de la presencia y el cuidado de su Señor.
Si deseas continuar meditando en promesas que fortalezcan tu fe, puedes encontrar otras reflexiones en
Devocionales Cristianos Cortos, donde encontrarás mensajes para diferentes circunstancias de la vida cristiana.
Una promesa dada a quienes necesitan avanzar
La expresión "
no te dejaré ni te desampararé" aparece dentro de una larga historia de la fidelidad de Dios hacia su pueblo. En Deuteronomio 31, Moisés estaba llegando al final de su liderazgo y Josué debía asumir la responsabilidad de conducir a Israel hacia la tierra prometida.
La tarea que tenía delante no era sencilla. Josué debía dirigir a un pueblo numeroso, enfrentar enemigos y continuar una misión que había comenzado bajo el liderazgo de Moisés. Humanamente, había muchas razones para sentir temor.
Pero Moisés le dijo: "Esforzaos y cobrad ánimo; no temáis, ni tengáis miedo de ellos, porque Jehová tu Dios es el que va contigo; no te dejará, ni te desamparará." Deuteronomio 31:6
Observa algo importante. Dios no le prometió a Josué que no tendría enemigos. Tampoco le dijo que el camino sería fácil. Le aseguró algo diferente: Él estaría con él.
Esa diferencia es fundamental para nuestra vida espiritual. A veces pensamos que la presencia de Dios significa que nunca enfrentaremos dificultades. Pero la Biblia muestra repetidamente lo contrario.
Abraham tuvo que caminar por fe,
José atravesó años de sufrimiento,
David conoció la persecución y
Pablo enfrentó aflicciones por causa del evangelio.
La presencia de Dios no siempre evita el valle, pero nos acompaña mientras lo atravesamos. Por eso, cuando aparezca una dificultad, no midas el amor de Dios únicamente por lo que está sucediendo a tu alrededor. Hay momentos en los que no comprenderemos lo que Dios está haciendo, pero podemos seguir confiando en quién es Él.
Dios también estará contigo cuando tengas miedo
Josué no solamente recibió la promesa de que Dios no lo abandonaría. También recibió una exhortación:
"Mira que te mando que te esfuerces y seas valiente; no temas ni desmayes, porque Jehová tu Dios estará contigo en dondequiera que vayas." Josué 1:9
La presencia de Dios debía producir valor. Esto no significa que Josué jamás sintiera temor. Ser valiente no significa nunca experimentar miedo. Significa decidir obedecer y avanzar aun cuando existen razones humanas para sentir temor.
También nosotros podemos experimentar miedo. Podemos tener miedo al futuro, a perder nuestro trabajo, a una enfermedad, a una decisión importante, a la soledad o a lo que pueda suceder con nuestra familia. El temor es una realidad humana, pero no tiene que gobernar nuestra vida.
Cuando el miedo aparezca, recuerda que no estás caminando solo. Puedes presentar tus preocupaciones delante del Señor y confiar en que Él conoce aquello que todavía no puedes ver.
Si estás enfrentando una temporada de temor, también puede ayudarte meditar en
Dios me libra del temor, Salmo 34:4, porque la Escritura nos muestra que podemos buscar al Señor precisamente cuando el miedo intenta dominar nuestro corazón.
Dios no es como las personas que pueden abandonarnos
Una de las razones por las que esta promesa resulta tan reconfortante es que todos conocemos, de una u otra manera, la experiencia de la pérdida.
Algunas personas que prometieron quedarse terminaron alejándose. Algunas amistades que parecían permanentes se terminaron. Hay relaciones familiares que han sufrido rupturas y también existen circunstancias que nos separan de personas que amamos. Incluso la muerte puede producir una sensación profunda de vacío.
Por eso necesitamos comprender que la fidelidad de Dios no funciona como la fidelidad humana. Las personas tienen limitaciones, pueden equivocarse, cambiar de opinión o simplemente no tener la capacidad de permanecer junto a nosotros en todo momento. Dios, en cambio, no está limitado de esa manera.
Cuando Él dice: "No te dejaré ni te desampararé", está revelando su carácter fiel.
No significa que siempre sentiremos su presencia de la misma manera. Hay temporadas en las que nuestra vida espiritual puede atravesar sequedad y momentos en los que oramos sin experimentar inmediatamente una respuesta. Pero nuestros sentimientos no determinan la fidelidad de Dios.
Si alguna vez has orado y has sentido que Dios guarda silencio, puede ser de ayuda leer
Cuando Dios parece estar en silencio. Aun cuando nosotros no percibamos inmediatamente una respuesta, el silencio de Dios no significa necesariamente ausencia.
La promesa de Dios frente a la incertidumbre
Hebreos 13:5 presenta esta promesa dentro de una enseñanza relacionada con el contentamiento:
"Sean vuestras costumbres sin avaricia, contentos con lo que tenéis ahora; porque él dijo: No te desampararé, ni te dejaré."
Esto resulta muy significativo. El escritor de Hebreos conecta la seguridad de la presencia de Dios con nuestra manera de enfrentar las necesidades materiales. El creyente no debe colocar toda su seguridad en las riquezas, porque las posesiones pueden desaparecer.
Podemos perder dinero.
Podemos perder propiedades.
Podemos experimentar cambios económicos.
Pero hay algo que permanece: Dios.
Esto no significa que el creyente deba ser irresponsable con sus recursos ni que las necesidades materiales no importen. Significa que nuestra confianza definitiva no puede estar puesta en aquello que puede cambiar de un día para otro.
Cuando Dios es nuestra seguridad, podemos enfrentar las temporadas de abundancia sin olvidar al Señor y las temporadas de escasez sin perder la esperanza.
Si alguna vez te has preguntado dónde debería estar realmente tu seguridad, puedes meditar también en
¿Dónde está mi confianza? Salmos 33:16-17, porque la Palabra nos recuerda que la verdadera seguridad no depende únicamente de los recursos humanos.
Jesús prometió estar con nosotros
La promesa de la presencia de Dios no quedó limitada al Antiguo Testamento. Jesucristo también aseguró a sus discípulos que no estarían solos.
Antes de ascender al cielo, Jesús declaró: "Y he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo." Mateo 28:20
Esta promesa fue dada después de que Jesús encargara a sus discípulos la misión de anunciar el evangelio. Ellos tendrían que salir, enseñar, predicar y enfrentar oposición, pero no realizarían esa misión abandonados a sus propias fuerzas. Cristo estaría con ellos.
La misma verdad debe fortalecer nuestra vida hoy. Cuando obedecemos al Señor, no caminamos dependiendo exclusivamente de nuestras capacidades. Dios nos acompaña y nos fortalece.
Esto es especialmente importante cuando atravesamos circunstancias que parecen demasiado grandes para nosotros. Tal vez no sabemos cómo resolver una situación familiar, cómo tomar una decisión o cómo enfrentar lo que viene. Sin embargo, podemos comenzar haciendo algo sencillo: llevar nuestra preocupación delante de Dios y confiar en su dirección.
La presencia del Señor no es una teoría para memorizar. Es una realidad que debe transformar nuestra manera de enfrentar cada día.
Cuando atravieses el valle, recuerda que Dios está contigo. El Salmo 23 expresa esta verdad de una manera extraordinaria. David no dijo que nunca caminaría por lugares difíciles. Dijo: "Aunque ande en valle de sombra de muerte, no temeré mal alguno, porque tú estarás conmigo."Salmo 23:4
La razón de su confianza no era la ausencia del valle, era la presencia del Pastor.
Esta perspectiva puede cambiar completamente nuestra manera de enfrentar las pruebas. Quizá no podamos escoger todas las circunstancias que llegarán a nuestra vida, pero sí podemos decidir en quién colocaremos nuestra confianza mientras las atravesamos.
Cuando llegue una temporada difícil, no pienses únicamente en cuánto dura el problema. Recuerda quién camina contigo.
Cuando aparezca una enfermedad, recuerda quién sostiene tu vida.
Cuando llegue una pérdida, recuerda quién permanece.
Cuando tengas que tomar una decisión importante, recuerda quién puede dirigirte.
Cuando no encuentres una salida, recuerda que Dios sigue viendo aquello que tú todavía no puedes ver.
¿Qué debemos hacer con esta promesa?
Una promesa de Dios no debe convertirse simplemente en una frase que repetimos cuando tenemos problemas. Debe transformar nuestra manera de vivir.
Si Dios ha dicho que no nos dejará ni nos desamparará, entonces podemos aprender a confiar en Él incluso cuando no tengamos todas las respuestas.
Podemos orar en lugar de desesperarnos.
Podemos obedecer en lugar de huir.
Podemos esperar en lugar de tomar decisiones impulsivas.
Podemos mantener nuestra fe aunque todavía no veamos el resultado que esperamos.
Esto no significa negar el dolor. El cristiano también llora, se preocupa y atraviesa momentos de profunda tristeza, porque la fe no consiste en fingir que nada duele. Consiste en llevar nuestro dolor delante de Dios y confiar en que no tenemos que atravesarlo solos.
Si hoy estás pasando por una situación que te hace sentir abandonado, habla con Dios con sinceridad, cuéntale lo que te preocupa. Presenta delante de Él aquello que no puedes controlar y permite que su Palabra vuelva a colocar tus pensamientos en el lugar correcto.
No necesitas tener todas las respuestas para seguir confiando, solo necesitas recordar quién prometió permanecer contigo.
Nunca olvides esta promesa
Quizá las circunstancias que estás viviendo no cambien inmediatamente después de leer este devocional. Tal vez todavía tendrás que enfrentar una conversación difícil, una enfermedad, una pérdida, una decisión o una etapa de incertidumbre.
Pero hay una verdad que puedes llevar contigo: Dios no te ha abandonado.
Aunque no entiendas todo lo que está sucediendo, Él continúa siendo Dios.
Aunque no veas la respuesta todavía, Él continúa siendo fiel.
Aunque otros se alejen, Él permanece.
Aunque atravieses un valle, el Pastor sigue caminando contigo.
Hebreos 13:6 continúa diciendo: "De manera que podemos decir confiadamente: El Señor es mi ayudador; no temeré lo que me pueda hacer el hombre."
Esta debe ser también nuestra declaración. No porque seamos fuertes por nosotros mismos, sino porque nuestra confianza está puesta en un Dios que permanece.
Por eso, cuando mañana aparezca nuevamente una preocupación, no permitas que el temor tenga la última palabra. Vuelve a la promesa. Lee la Escritura. Ora. Confía. Recuerda que tu vida está en las manos de Aquel que ha dicho: "No te dejaré ni te desampararé."
Y si hoy necesitas continuar alimentando tu fe, puedes seguir meditando en otros
Devocionales Cristianos Cortos, especialmente aquellos que hablan de confianza, esperanza, temor y las diferentes circunstancias que enfrentamos mientras caminamos con Dios.
El Señor no prometió que nunca atravesaríamos dificultades, pero sí nos dejó una seguridad mucho más grande: nunca tendremos que enfrentarlas solos.