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A los que aman a Dios todas las cosas le ayudan a bien


Cuando no entiendes lo que Dios está haciendo

A los que aman a Dios todas las cosas le ayudan a bien

Hay momentos en la vida en los que no encontramos una explicación para lo que estamos viviendo. Oramos, esperamos, hacemos lo que creemos correcto y, aun así, las cosas no salen como esperábamos. Algunas puertas se cierran, personas que amamos se alejan, llegan dificultades que no habíamos previsto y aparecen situaciones que parecen contradecir todo aquello que habíamos pedido en oración.

Es precisamente en esos momentos cuando nuestra fe es puesta a prueba. Es fácil confiar en Dios cuando todo marcha bien, cuando recibimos buenas noticias y cuando nuestras oraciones parecen tener una respuesta inmediata. Pero ¿qué sucede cuando no entendemos lo que está ocurriendo?

Romanos 8:28 nos presenta una de las promesas más conocidas y consoladoras de la Palabra de Dios:

"Y sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados."

Estas palabras no fueron escritas para personas que nunca enfrentarían problemas. Fueron dadas a creyentes que necesitaban aprender a caminar con Dios en medio de un mundo donde también existirían sufrimientos, pruebas y momentos difíciles.

Por eso este versículo no nos invita a negar nuestro dolor. Nos invita a mirar nuestro dolor desde una perspectiva diferente.

Quizá hoy no entiendas lo que está sucediendo, pero puedes descansar en una verdad: Dios sigue obrando aunque todavía no puedas ver cómo.

Si necesitas seguir fortaleciendo tu corazón con este tipo de reflexiones, puedes encontrar otros Devocionales Cristianos Cortos que te ayuden a meditar en la Palabra de Dios durante las diferentes etapas de la vida.

No todas las cosas son buenas, pero Dios puede obrar en todas ellas

Es importante comprender correctamente Romanos 8:28. El apóstol Pablo no está diciendo que todo lo que sucede en nuestra vida sea bueno. Hay situaciones que son dolorosas y que la Biblia nunca presenta como algo bueno. La enfermedad, la injusticia, la traición, la pérdida y la muerte producen sufrimiento real.

La promesa no consiste en llamar bueno a lo malo, la promesa consiste en saber que Dios puede obrar aun en medio de aquello que nosotros jamás habríamos escogido.

  • Una pérdida puede doler profundamente y, sin embargo, Dios puede sostenernos durante ese proceso y enseñarnos a depender más de Él. 
  • Una puerta que se cierra puede producir frustración, pero con el tiempo podemos descubrir que el Señor estaba protegiéndonos de algo que nosotros no podíamos ver. 
  • Una espera puede parecer inútil, pero puede convertirse en un tiempo en el que nuestra confianza y paciencia sean fortalecidas.

No siempre comprenderemos el propósito mientras estamos atravesando la prueba.

A veces solamente después de haber pasado por ella podemos mirar hacia atrás y reconocer que Dios estuvo presente durante todo el proceso.

Y en otras ocasiones quizá no lleguemos a comprender completamente el motivo en esta vida. Pero incluso entonces podemos confiar en el carácter de Dios.

Porque nuestra fe no depende de entenderlo todo, nuestra fe depende de saber quién tiene nuestra vida en sus manos.

"A los que aman a Dios"

Hay una parte de Romanos 8:28 que con frecuencia pasamos por alto:

"A los que aman a Dios..."

Pablo no está ofreciendo una frase aislada para utilizar cada vez que algo sale mal. Está hablando de aquellos cuya vida está relacionada con Dios y que caminan conforme a su propósito.

Amar a Dios significa mucho más que pronunciar su nombre o afirmar que creemos en Él. Significa aprender a confiar en Él, obedecer su Palabra, buscar su voluntad y permanecer cerca de Él aun cuando nuestras circunstancias sean difíciles.

Cuando amamos verdaderamente a Dios, nuestra manera de enfrentar los problemas comienza a cambiar.

Seguimos llorando cuando algo duele, pero ya no lloramos sin esperanza.
Seguimos sintiendo temor, pero podemos llevar ese temor delante del Señor.
Seguimos teniendo preguntas, pero aprendemos a esperar en Dios aunque todavía no tengamos todas las respuestas.
Seguimos atravesando dificultades, pero sabemos que no estamos solos.

El amor por Dios no nos hace inmunes al sufrimiento. Nos da una razón para seguir confiando en medio del sufrimiento.

José también tuvo que esperar para entender

La historia de José nos ayuda a comprender esta verdad.

José fue vendido por sus propios hermanos. Después fue llevado a Egipto, separado de su familia y sometido a circunstancias que seguramente no comprendía. Más tarde fue acusado injustamente y terminó en prisión.

Si José hubiera evaluado cada etapa de su vida únicamente por lo que estaba sucediendo en ese momento, habría tenido muchas razones para pensar que todo estaba saliendo mal.

Pero Dios estaba obrando. Años después, cuando José pudo encontrarse nuevamente con sus hermanos, pronunció unas palabras que muestran una perspectiva completamente diferente:

"Vosotros pensasteis mal contra mí, mas Dios lo encaminó a bien."
Génesis 50:20

José no dijo que lo que sus hermanos hicieron estaba bien. Reconoció que hubo una intención mala. Lo que había cambiado era su perspectiva: ahora podía ver que Dios había utilizado aquella historia para preservar vidas y cumplir un propósito mucho mayor.

Tal vez tú también estés atravesando una etapa que actualmente parece no tener sentido, quizá solamente estás viendo la parte dolorosa de la historia.

Pero recuerda que Dios puede ver el capítulo completo cuando nosotros apenas estamos viviendo una página.

No abandones tu confianza solamente porque todavía no puedes ver el resultado.

Dios puede estar trabajando mientras tú estás esperando

Una de las cosas más difíciles para nosotros es esperar.

Queremos respuestas inmediatas. 
Queremos saber qué va a suceder. 
Queremos que Dios cambie rápidamente aquello que nos preocupa.

Sin embargo, muchas veces Dios trabaja durante los períodos de espera.

La espera puede enseñarnos cosas que no aprenderíamos de otra manera. Puede enseñarnos paciencia, dependencia, humildad y perseverancia. Puede llevarnos a orar con mayor sinceridad y a descubrir que nuestra seguridad estaba puesta en cosas que podían cambiar.

No significa que toda espera sea agradable.

Hay esperas que cansan.
Hay respuestas que tardan.
Hay oraciones que repetimos durante meses o incluso años.

Pero el hecho de que todavía estés esperando no significa que Dios esté inactivo. El silencio de Dios tampoco significa que Dios haya dejado de trabajar.

Si estás atravesando precisamente una etapa así, puede ayudarte meditar en Cuando Dios parece estar en silencio, porque aun cuando no percibimos inmediatamente una respuesta, podemos aprender a permanecer cerca del Señor.

Cuando Dios no cambia la situación, puede cambiarte a ti

A veces oramos para que Dios cambie una circunstancia y esperamos que el resultado de nuestra oración sea exactamente aquello que hemos pedido.

Y Dios puede hacerlo.

Pero también hay ocasiones en las que la circunstancia permanece y, mientras esperamos, Dios comienza a hacer una obra diferente dentro de nosotros.

Podemos pedir que desaparezca la dificultad y Dios puede enseñarnos a confiar.
Podemos pedir que termine la espera y Dios puede formar paciencia.
Podemos pedir que cambie una persona y Dios puede comenzar a transformar nuestro propio corazón.
Podemos pedir que se abra una puerta y Dios puede enseñarnos a estar contentos mientras esperamos la dirección correcta.

Esto no significa que debamos dejar de pedirle a Dios por nuestras necesidades. La Biblia nos anima a presentar nuestras peticiones delante de Él. Pero también debemos estar dispuestos a decir: "Señor, no solamente quiero que cambies mi circunstancia; quiero que hagas tu voluntad en mi vida."

Esa oración requiere fe, porque significa confiar en Dios incluso cuando su respuesta no coincide con nuestro plan.

No desperdicies la prueba

Cuando estamos atravesando una dificultad, nuestra primera pregunta suele ser: "¿Por qué me está pasando esto?"

Es una pregunta humana y comprensible, pero quizá también podemos comenzar a hacer otra pregunta: "Señor, ¿qué quieres formar en mí durante este proceso?"

Tal vez Dios quiere enseñarte a depender más de Él.
Tal vez quiere fortalecer una parte de tu carácter.
Tal vez quiere mostrarte que tu seguridad estaba colocada en algo que no podía sostenerte.
Tal vez quiere enseñarte a tener compasión por otras personas que algún día atravesarán una situación parecida.

No todas las respuestas llegarán inmediatamente. Pero podemos decidir que nuestra prueba no será desperdiciada.

El dolor no tiene que convertirse en una experiencia completamente inútil.

Cuando lo ponemos en las manos de Dios, Él puede utilizar incluso las temporadas más difíciles para producir madurez espiritual, dependencia y una fe más profunda.

Por eso, si hoy estás atravesando una prueba, no te apresures a concluir que Dios se olvidó de ti, puede que todavía no veas lo que Él está haciendo.

"Y sabemos"

Hay tres palabras de Romanos 8:28 que pueden convertirse en un refugio para nuestra fe:

"Y sabemos..."

Pablo no dice solamente "esperamos".

Dice:

"Y sabemos."

La seguridad del creyente no consiste en saber exactamente cómo terminará cada situación. Nadie conoce todos los acontecimientos del futuro.

Nuestra seguridad consiste en conocer al Dios que sostiene nuestro futuro.

Sabemos que Dios es fiel.
Sabemos que Dios es bueno.
Sabemos que Dios escucha.
Sabemos que Dios conoce nuestras necesidades.
Sabemos que sus pensamientos son más altos que nuestros pensamientos.
Y sabemos que nuestra vida no está fuera de sus manos.

Cuando no conocemos el camino, podemos confiar en el que sí lo conoce.
Cuando no entendemos el proceso, podemos confiar en Aquel que conoce el propósito.
Cuando no vemos una salida, podemos seguir orando al Dios que no está limitado por nuestras circunstancias.

El propósito de Dios es mayor que nuestra comodidad

Romanos 8:28 no promete que Dios hará que cada circunstancia resulte cómoda para nosotros. Su propósito es mucho más profundo.

El versículo siguiente dice:

"Porque a los que antes conoció, también los predestinó para que fuesen hechos conformes a la imagen de su Hijo..."
Romanos 8:29

Esto nos ayuda a comprender qué significa que todas las cosas ayuden a bien.

Dios está trabajando para formar en nosotros algo que tiene un valor eterno.

  • El "bien" no siempre significa tener más; a veces significa aprender a confiar.
  • No siempre significa evitar el dolor; a veces significa salir de la prueba con una fe más firme.
  • No siempre significa recibir aquello que pedimos, a veces significa aprender que Cristo es suficiente aun cuando no recibimos lo que esperábamos.

Dios está interesado no solamente en cambiar nuestras circunstancias, sino también en formar nuestro carácter.

Y eso puede suceder incluso en temporadas que nosotros jamás habríamos elegido.

Cuando no entiendas, sigue confiando

Quizá hoy estás atravesando una situación que no puedes explicar.

Has orado.
Has esperado.
Has intentado mantenerte firme.

Pero todavía no ves la respuesta, no permitas que la falta de comprensión te haga pensar que Dios ha dejado de obrar.

Recuerda a José, recuerda a David, recuerda a tantos hombres y mujeres de la Biblia que tuvieron que caminar por etapas en las que no conocían el final de la historia.

La fe no exige conocer todo el camino, la fe nos permite dar el siguiente paso confiando en Dios.

Por eso, si hoy estás preocupado por algo que no puedes controlar, entrégaselo nuevamente al Señor. Si necesitas tomar una decisión, busca su dirección. Si estás sufriendo, háblale con sinceridad. Si estás esperando, no abandones la oración.

También puedes meditar en ¿Dónde está mi confianza? Salmos 33:16-17, porque muchas veces nuestras pruebas revelan precisamente dónde hemos colocado nuestra seguridad.

Dios sigue siendo bueno

Hay una verdad que debemos recordar especialmente cuando la vida no sale como esperábamos: Dios sigue siendo bueno.

No deja de ser bueno porque nuestra oración todavía no tenga respuesta.
No deja de ser bueno porque una puerta se haya cerrado.
No deja de ser bueno porque atravesemos una enfermedad.
No deja de ser bueno porque una persona nos haya decepcionado.
No deja de ser bueno porque tengamos que esperar.

Su carácter no cambia con nuestras circunstancias.

Y precisamente porque Dios sigue siendo bueno, podemos confiar en Él cuando no comprendemos lo que está sucediendo.

Tal vez hoy no puedas decir: "Entiendo por qué pasó esto", pero sí puedes decir: "No lo entiendo, pero sigo confiando en Dios."

Esa es una expresión profunda de fe.

Una oración para cuando no entiendes lo que sucede

Señor, hoy no quiero fingir que entiendo todo lo que está pasando en mi vida. Hay situaciones que me duelen, preguntas que todavía no tienen respuesta y circunstancias que no sé cómo resolver.

Pero quiero recordar tu Palabra.

Tú has dicho que todas las cosas ayudan a bien a los que te aman y son llamados conforme a tu propósito. Por eso, aunque no comprenda el camino, decido confiar en ti.

Ayúdame a no desesperarme cuando tenga que esperar. Ayúdame a no perder la fe cuando una puerta se cierre. Ayúdame a reconocer tu presencia aun en los momentos difíciles y a permitir que cada experiencia me acerque más a ti.

No permitas que mi dolor me aleje de tu presencia. Enséñame a llevarlo delante de ti y a confiar en que puedes hacer una obra en mi vida aun en medio de aquello que hoy no comprendo.

Que mi corazón pueda decir, aun en los días difíciles: "Yo sé que mi Dios sigue siendo fiel."

En el nombre de Jesús. Amén.

Sigue confiando

Romanos 8:28 no nos invita a decir que todo lo que sucede es bueno. Nos invita a confiar en que Dios puede obrar para bien aun en medio de aquello que no comprendemos.

Quizá todavía no puedas ver el propósito.
Quizá la respuesta todavía no ha llegado.
Quizá la situación continúa siendo difícil.

Pero Dios sigue siendo Dios.

Sigue orando.
Sigue creyendo.
Sigue caminando.
Sigue confiando.

Algún día quizá puedas mirar hacia atrás y comprender parte de lo que Dios estaba haciendo. Y si algunas respuestas nunca llegan de la manera que esperabas, todavía tendrás una certeza que nadie puede quitarte: Dios estuvo contigo durante todo el camino.

Por eso, cuando vuelvas a leer Romanos 8:28, no pienses únicamente en la frase "todas las cosas les ayudan a bien". Recuerda también las palabras que vienen antes: "A los que aman a Dios."

Ama al Señor.
Permanece cerca de Él.
Confía en su Palabra.

Y cuando no entiendas lo que está haciendo, descansa en quién es Él.

Porque aunque nosotros no podamos ver el propósito completo, Dios nunca deja de trabajar.

Cuando una puerta se cierra

Hay ocasiones en las que pensamos que sabemos exactamente lo que necesitamos. Oramos por una oportunidad, por una relación, por un trabajo, por un proyecto o por una determinada respuesta de Dios, y estamos convencidos de que esa es la puerta que debe abrirse. Sin embargo, la respuesta que recibimos es un "no" o simplemente la puerta permanece cerrada.

En esos momentos podemos sentir frustración y preguntarnos por qué Dios no respondió como esperábamos. Pero una puerta cerrada no siempre significa que Dios nos ha abandonado. Algunas veces, precisamente porque Él conoce lo que nosotros no conocemos, permite que ciertas puertas permanezcan cerradas.

No podemos ver todas las consecuencias de una decisión. No conocemos todas las circunstancias que están detrás de una oportunidad. Tampoco sabemos qué encontraremos al otro lado de una puerta que tanto deseamos abrir.

Dios sí lo sabe.

Por eso, confiar en Romanos 8:28 también significa aprender a aceptar que el bien que Dios está produciendo puede ser diferente del bien que nosotros habíamos imaginado.

Quizá hoy estés lamentando algo que no sucedió. Antes de pensar que todo salió mal, recuerda que Dios puede estar guiando tu vida por un camino que todavía no comprendes.

Cuando una oración parece no tener respuesta

Una de las pruebas más difíciles para nuestra fe ocurre cuando oramos durante mucho tiempo y aparentemente nada cambia.

Pedimos por una persona.
Pedimos por una necesidad.
Pedimos dirección.
Pedimos restauración.
Pedimos que termine una situación.

Y pasan los días, las semanas o incluso los años.

Es fácil pensar que Dios no está escuchando. Sin embargo, el silencio no significa ausencia. Dios puede estar obrando de maneras que todavía no podemos percibir.

La Biblia está llena de personas que tuvieron que esperar. 

  • Abraham esperó el cumplimiento de una promesa. 
  • José tuvo que atravesar años antes de comprender el propósito de su historia. 
  • David fue ungido como rey, pero tuvo que esperar antes de ocupar el trono.

Esperar no significa estar olvidado.  A veces la espera es precisamente el lugar donde nuestra confianza es fortalecida.

Cuando no puedas ver una respuesta, continúa orando. 
Cuando no entiendas el tiempo de Dios, continúa confiando. 
Y cuando sientas que tus fuerzas disminuyen, recuerda que tu relación con Dios no depende de que puedas explicar todo lo que Él está haciendo.

Dios puede usar incluso una etapa que tú no habrías escogido

Si pudiéramos escoger todas las circunstancias de nuestra vida, probablemente elegiríamos solamente aquellas que producen comodidad, alegría y éxito. Nadie escogería voluntariamente una enfermedad, una pérdida, una decepción o una temporada de incertidumbre.

Pero la vida no funciona de esa manera.

Hay situaciones que llegan sin pedir permiso y que nos obligan a depender de Dios de una manera que nunca habíamos experimentado.

En medio de una prueba podemos descubrir cuánto necesitamos realmente al Señor. Podemos aprender a orar con mayor sinceridad, a valorar lo que antes dábamos por sentado y a comprender el dolor de otras personas que atraviesan situaciones similares.

No significa que debamos agradecer por el mal como si fuera bueno. Significa que podemos confiar en que Dios no desperdiciará nuestro sufrimiento.

El Señor puede tomar una experiencia que nos quebró y utilizarla para desarrollar compasión.

Puede utilizar una temporada de escasez para enseñarnos dependencia.
Puede utilizar una decepción para corregir nuestras prioridades.
Puede utilizar una espera para formar paciencia.
Puede utilizar una prueba para profundizar nuestra fe.

Por eso, aun cuando no puedas cambiar aquello que estás viviendo, puedes pedirle a Dios que te muestre cómo caminar con Él durante ese proceso.

No confundas el propósito de Dios con tus propios planes

Una de las razones por las que sufrimos tanto cuando las cosas no salen como esperamos es porque hemos confundido nuestros planes con el propósito de Dios.

Tenemos sueños legítimos, deseos y proyectos. Es bueno trabajar por ellos y presentarlos delante del Señor. Pero debemos recordar que nuestros planes son limitados.

Podemos pensar que una determinada oportunidad es indispensable para nuestro futuro, mientras que Dios puede tener otra dirección.

Podemos pensar que determinada persona debe permanecer siempre en nuestra vida, mientras que Dios puede permitir una separación que todavía no comprendemos.

Podemos pensar que cierto camino es el correcto, mientras que el Señor puede estar conduciéndonos hacia otro lugar.

Proverbios 3:5-6 nos recuerda:

"Fíate de Jehová de todo tu corazón, y no te apoyes en tu propia prudencia. Reconócelo en todos tus caminos, y él enderezará tus veredas."

Confiar en Dios significa dejar espacio para que Él dirija nuestros pasos.

Si necesitas meditar más profundamente en esta actitud, puedes leer No confíes en tu propia prudencia, Proverbios 3:5-8, porque aprender a confiar en Dios implica reconocer que nuestra perspectiva es limitada.

Cuando solamente puedes ver una parte de la historia

Imagina que alguien observa una sola página de una novela y después intenta explicar toda la historia. Podría interpretar equivocadamente a los personajes, pensar que una situación no tiene sentido o concluir que todo terminó mal.

El problema no estaría necesariamente en la historia, estaría en que solamente ha visto una parte.

Muchas veces nosotros hacemos algo parecido con nuestra vida.

Vemos lo que está sucediendo hoy y tratamos de determinar cómo terminará todo. Pero solamente conocemos el presente. Dios conoce el principio, el proceso y el final.

Por eso debemos tener cuidado de no emitir un juicio definitivo sobre nuestra historia basándonos únicamente en el capítulo que estamos viviendo.

Tal vez hoy estás en una página difícil, pero la historia todavía no terminó.

José no podía ver el palacio cuando estaba en la prisión.
David no podía ver el trono cuando estaba huyendo.
Los discípulos no podían comprender la resurrección cuando contemplaron la cruz.

Y nosotros tampoco podemos comprender siempre lo que Dios está haciendo mientras atravesamos nuestra propia dificultad.

La fe nos permite seguir caminando aunque todavía no podamos ver el siguiente capítulo.

¿Qué hacer mientras Dios obra?

Romanos 8:28 no nos llama a permanecer pasivos. Confiar en Dios no significa dejar de actuar, orar o cumplir nuestras responsabilidades. Significa hacer nuestra parte mientras dejamos en las manos del Señor aquello que no podemos controlar.

Si estás atravesando una dificultad, continúa haciendo lo correcto.

Sigue orando.
Sigue leyendo la Palabra.
Sigue congregándote.
Sigue sirviendo.
Sigue tratando con amor a las personas.
Sigue cumpliendo tus responsabilidades.
Y, sobre todo, no permitas que una circunstancia difícil determine la manera en que ves a Dios.

La prueba puede cambiar muchas cosas a nuestro alrededor, pero no puede cambiar quién es el Señor.

Si estás luchando con la confianza en medio de una circunstancia difícil, también puedes meditar en Aprende a confiar en Dios, Job 1:22, porque la historia de Job nos recuerda que la fidelidad de Dios no depende de que nuestra situación sea fácil.

La prueba también puede acercarte a Dios

Hay personas que solamente buscan a Dios cuando tienen problemas. Sin embargo, una dificultad puede convertirse en algo más profundo que una petición urgente: puede convertirse en una oportunidad para desarrollar una relación más cercana con el Señor.

Cuando todo está bien, podemos acostumbrarnos a depender de nuestras propias fuerzas. Pero cuando llegan circunstancias que no podemos resolver, descubrimos cuánto necesitamos de Dios.

Eso no significa que Dios disfrute nuestro sufrimiento, Significa que Él puede encontrarnos precisamente en medio de ese sufrimiento y enseñarnos a depender de Él.

  • Quizá antes orabas unos minutos y ahora pasas más tiempo en la presencia de Dios.
  • Quizá antes leías la Biblia de manera apresurada y ahora cada palabra se convierte en alimento para tu alma.
  • Quizá antes pensabas que eras suficientemente fuerte y ahora has descubierto que necesitas completamente al Señor.

Si una prueba te está llevando a buscar más profundamente a Dios, no permitas que ese acercamiento desaparezca cuando llegue la respuesta.

Conserva esa dependencia.

Dios sigue siendo digno de confianza

Nuestra confianza en Dios no debe depender de los resultados inmediatos.

Si Dios responde como esperábamos, seguimos confiando.
Si la respuesta tarda, seguimos confiando.
Si una puerta se abre, seguimos confiando.
Si una puerta se cierra, seguimos confiando.
Si comprendemos lo que está haciendo, seguimos confiando.
Y si no lo comprendemos, seguimos confiando.

Eso es fe. La fe no consiste en decir que todo será exactamente como nosotros queremos. Consiste en creer que, cualquiera que sea el camino que tengamos que recorrer, Dios seguirá siendo digno de nuestra confianza.

Por eso Romanos 8:28 comienza con una expresión tan poderosa:

"Y sabemos..."

Nuestra seguridad no está en conocer el futuro, está en conocer a Dios.

Una reflexión para el día de hoy

Detente por un momento y piensa en aquello que actualmente te preocupa.

Quizá existe una situación que has presentado muchas veces delante de Dios y todavía no ha cambiado. Tal vez hay una pérdida que todavía duele, una puerta que permanece cerrada o una respuesta que no ha llegado.

No necesitas fingir que no te duele.
Puedes reconocer delante de Dios lo que estás sintiendo.
Puedes llorar.
Puedes preguntar.
Puedes decirle al Señor que estás cansado.
Puedes contarle que no entiendes.

La fe no consiste en fingir que nada duele. Consiste en llevar nuestro dolor delante de Dios y confiar en que no tenemos que atravesarlo solos.

Después de presentar tu situación delante del Señor, recuerda Romanos 8:28.

No como una frase para convencerte de que todo terminará exactamente como deseas, sino como una promesa que te recuerda que Dios sigue obrando.

No sabes cómo.
No sabes cuándo.
No sabes exactamente qué hará.
Pero puedes confiar en Él.

No abandones tu confianza

Quizá este sea el momento de volver a confiar, no porque ya tengas todas las respuestas, sino porque has recordado quién es Dios.

Si estás cansado, sigue adelante.
Si estás esperando, sigue esperando en Dios.
Si estás llorando, sigue buscando su presencia.
Si una puerta se cerró, pídele al Señor que te muestre qué camino debes seguir.
Si no comprendes tu situación, no abandones tu fe solamente porque no tienes una explicación.

Dios no te pidió que comprendieras todo. Te llamó a confiar en Él.

Y cuando llegue el momento en que puedas mirar hacia atrás, quizá descubrirás que algunas cosas que parecían pérdidas fueron parte de un proceso que Dios utilizó para llevarte hacia una relación más profunda con Él.

Oración final

Señor, hoy quiero entregarte aquello que no puedo comprender.

Hay situaciones que me duelen y preguntas que todavía no tienen respuesta. Hay cosas que quisiera cambiar y circunstancias que no puedo controlar. Pero decido recordar que tú sigues siendo fiel.

Ayúdame a confiar cuando no vea el camino. Dame paciencia cuando tenga que esperar y fortaleza cuando las circunstancias sean difíciles. No permitas que el dolor me aleje de ti; úsalo para acercarme más a tu presencia y enseñarme a depender de ti.

Hoy decido creer en tu Palabra. No porque entienda todo lo que estás haciendo, sino porque sé quién eres.

Ayúdame a permanecer firme y a recordar que mi vida está en tus manos, en el nombre de Jesús te lo pido. Amén.

Sigue confiando en Dios

Romanos 8:28 no es una promesa de que nunca sufriremos ni de que todas las cosas terminarán exactamente como queremos. Es una invitación a confiar en un Dios que puede obrar aun en medio de las circunstancias que no comprendemos.

Puede que hoy solamente veas dolor.
Puede que todavía no puedas encontrar una explicación.
Puede que la respuesta parezca muy distante.

Pero no confundas lo que todavía no puedes ver con lo que Dios está haciendo.

Dios sigue obrando.

Por eso, cuando vuelvas a leer las palabras "a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien", recuerda que la verdadera esperanza no está en que todo sea fácil. Está en saber que, aun en medio de las dificultades, Dios permanece contigo y puede utilizar cada etapa de tu vida para cumplir su propósito.

No abandones la fe.
No abandones la oración.
No abandones la esperanza.
Sigue caminando.
Sigue confiando.

Y cuando no entiendas lo que Dios está haciendo, recuerda simplemente esto: Él sí lo entiende.